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Homenaje al camarada Laso

Enviado por admin el Martes, 22 Diciembre 20093 Comentarios

lasoyroberHoy ha fallecido el camarada José María Laso Prieto. Como homenaje recordamos las palabras con las que un militante de la Juventud Comunista, lo definía en la presentación de la asociación de la Universidad de Oviedo que lleva su nombre:

“Hay personas que de tanto comprometerse con los hombres y las cosas de la tierra acaban siendo celestiales. Viven a nuestro lado, para recordarnos la inalienable necesidad del pan y la palabra, para denunciar las opresiones, y que clamando por la dignidad y el respeto de los hombres, se mantienen firmes como contrafuertes de los inefables edificios de la cultura en su sentido más amplio.

Desde que le escuché hablar por primera vez, supe que José Mari sabía de lo que hablaba. Jamás expresó algo vacuo o sin sentido, y eso que es una ametralladora hablante.

Hijo adoptivo de Oviedo, Bilbao fue el turbio regazo de su niñez (como ya dijera José Carlos Fernández Rojas). Un Bilbao republicano en el que un niño comenzó a modelar una fuerte personalidad. Si la rotunda división de clases y las marcadas diferencias sociales de la época conducían inexorablemente a tomar una posición, el entorno infantil del niño Laso le situó en una zona intermedia que más tarde le obligaría a tomar partido y a colocarse en la única perspectiva adecuada: la perspectiva de una conciencia filosófica políticamente implantada

Sus compañeros de colegio lo recuerdan como un niño retraído y más amigo de la lectura en los recreos que del frontón en la pared del destartalado edificio donde comenzó una tarea de formación intelectual que no abandonaría nunca al hilo de la máxima «nada humano me es ajeno». Un dato curioso en este sentido es que aprendió a leer y a efectuar las operaciones geométricas más elementales a la edad de cinco años. Ya en esos el pequeño José María anunciaba el carácter de la personalidad que le caracterizaría durante toda su vida: ante un castigo ejemplar que quiso imponer el maestro a la totalidad de la clase por la ruptura de un tintero con pluma de ave que tenía en su mesa, Laso, sabedor del culpable, se colocó al lado de sus compañeros y no sólo sufrió estoicamente el castigo, sino que lideró un movimiento opositor, lo que constituyó su primer acto de resistencia.

Rodeado Bilbao por las tropas franquistas, la defección de los gudaris y la más voluntarista que eficaz colaboración bélica de los mineros asturianos, que acudieron con generosa solidaridad a reforzar aquel denominado «cinturón de hierro», Laso fue exiliado con muchos niños vascos a la vecina Francia. Una muy usada maleta de cartón contenía la ropa que primorosamente le había colocado su madre. Y una vez allí, destacó de nuevo en la escuela auspiciada por el Frente Popular galo. El ansia de noticias que se apoderó de él en aquel precoz exilio le seguiría durante toda su vida. Posteriormente regresó a Bilbao, un Bilbao muy distinto al que él había dejado, un Bilbao húmedo de llanto y ahumado de curas. En aquel Bilbao franquista hubo Laso de abandonar la escuela y comenzar a trabajar, pues el peculio familiar tras la guerra había mermado y era necesario alimentar a cinco hijos.

Una formación republicana, una conciencia social y una guerra contra el fascismo no podían conducir a otra opción ideológica. La mayoría de edad encontró a un Laso involucrado en la primera manifestación antifranquista que se registró en la España Nacional: la huelga de la Naval.

Ingresó en la Universidad entre los mayores de 25 años y sale flamante licenciado en Derecho a principios de los 70. Instituyó entonces las llamadas «Cenas del Fontán». Al final de la cena uno de los comensales leía una ponencia que luego se debatía hasta altas horas de la noche. Esas cenas resultaron un campo de reclutamiento de donde luego surgirían varios de los componentes de la denominada «Junta Democrática» que se constituiría con la llegada de la transición.

Es uno de los fundadores de Tribuna Ciudadana,a principios de los 80. Con un entusiasmo que no ha desfallecido desde el momento de su fundación, Laso ha velado por la esencia de esta sociedad: «Difusión de la cultura en todas sus manifestaciones», y lo ha hecho de manera ejemplar. Con la entrega y dedicación que pone en todo cuanto inicia, ha sido un puntal imprescindible para el desarrollo y la implantación de Tribuna Ciudadana en la ciudad. A Laso se debe la noche más luminosa de Tribuna Ciudadana, aquélla que muchos recuerdan con nostalgia, en que todos en pie recibieron a Rafael Alberti, en una Casa Parroquial de San Juan completamente atiborrada de gente. Tuvieron que cruzar Oviedo a modo de manifestación ante la imposibilidad de albergar a tan numeroso público en la sala de la Caja de Ahorros contratada inicialmente.

Amante del debate, siempre brillante en la polémica, comprometido con su tiempo, su filosofía es la de las ideas puestas al servicio de la acción social. Conversador, afable, laborioso, conciliador, bibliófilo, erudito, entrañable, bueno e imprescindible; a su lado (y lo digo por experiencia) uno recibe de seguido clases magistrales. Cuando él se arroja al ruedo de la disputa dialéctica, el público asiste a uno de los espectáculos más nobles de entre todos. Cuando acude a una conferencia, Laso es capaz de polemizar con el propio conferenciante y rebatirle en su propio terreno.

Hay muchos Lasos: el lector de Gramsci, forjado como él en la cárcel, el teórico, el viajante, el escritor de artículos, el polemista en enfrentamientos dialécticos en Bilbao, el preso, el contertulio sabio e inagotable, el fundador de Tribuna Ciudadana, uno de los mayores eruditos a nivel nacional, el personaje imprescindible del Oviedo cultural, el portador de la cartera sin fondo en la que guarda obras de Gramsci y otros libros y papeles, el ironista, el sabio con aspecto distraído pero que después está en todo, el hombre del traje gris y, sobre todo, el marxista.

Gustavo Bueno le conoció en la presentación de su libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber(1970), donde rebatía las tesis de Manuel Sacristán. En su intervención, Laso trató de equilibrar las posiciones de ambos filósofos. La brillantez de su exposición sorprendió a Bueno, que expresó su deseo de conocerle después del acto. Creyó que era un catedrático de filosofía de instituto, cuando en realidad iniciaba sus estudios en la Facultad de Derecho, y Laso tuvo que aclararle que era un representante de Chocolates Zahor. Lector infatigable de todo cuanto merece ser leído, ha donado su exhaustiva biblioteca (en la que tengo la suerte de colaborar personalmente con él y pasar horas entre sus libros, anécdotas y lecciones magistrales) a la Fundación Isidoro Acevedo, que él mismo preside. 15.000 libros son muchos libros, se dice que cuando un hombre reúne tantos libros no los lee, los habita. Si de lo que siente el corazón habla la boca, sus amigos y conocidos podemos deducir por sus palabras que, aparte de los grandes filósofos del marxismo y demás sistemas fundamentales, incluido Gustavo Bueno, por quien siente total admiración, sus escritores favoritos son Gramsci y Jack London.

Si disfruta como pocos del placer de la lectura, su afán pedagógico hace que la conversación sea otra de sus grandes pasiones. Siempre destacan en él su ejemplar compañerismo y su gran oficio de viajero, no en vano, deben de quedarle muy pocos sitios de la Tierra por explorar, basta comprobar la distancia que existe entre La Habana y Vladivostok, pasando por Oviedo: Extremo Oriente, la Rusia soviética y, por supuesto, Cuba. Es un hombre que viaja para ver, todo lo contrario que el turista, que (según Nietzsche) viaja para que lo vean. Viajero más que turista, no me le imagino armado de una cámara en sus viajes; pero tampoco sin su cartera. En La Habana o en Vladivostok, Laso es tan Laso como cuando está en Oviedo. Sin corbata en La Habana, con gorro de pieles en Vladivostok, pero con cartera, y en la cartera libros. Una cartera que abraza contra su pecho como si fuera un hijo al que advirtiera de los peligros del mundo. De esos peligros que él conoció en carne propia, hace ya muchos años, cuando queriendo decir al pan pan y al vino vino (como dice el refrán), se vio obligado a vivir con la palabra amordazada. Incapaz de concebir la vida sin libros y periódicos, los traslada a donde quiera que vaya y los usa donde quiera que esté.

Escribir es otra de sus grandes dedicaciones. Sus obras completas (esperemos) serán algún día editadas y en ellas aparecerán recogidas sus ideas y creencias a través de ensayos filosóficos, políticos, literarios y de actualidad, sin olvidar su libro de viajes que esperamos poder poner pronto en la calle. Nada de lo convencional le desvía. Sincero, sin dobleces, seguro de sí mismo, su educación es la de los bien nacidos y forjados en la lucha diaria y no la que se aprende en los manuales de la cortesía establecida.

Es una persona labrada por él mismo a lo largo de muchas décadas. Una vida abundante en saberes y actividades que han sido todas ellas elevadas desde la contingencia cotidiana hasta la necesidad global de una biografía, la de José María Laso, la biografía de un hombre verdadero, de un hombre libre. Pero no en virtud de una libertad caprichosa y sin rumbo, sino de una libertad que él mismo ha convertido en una vida necesaria

Estamos ante la figura de un gran hombre moldeado según el más puro y estricto canon estoico, aquél que sabe que la libertad es propiamente la conciencia de la necesidad, aquel que sabe que todo lo que ha hecho era necesario, como un deber, para la edificación de su propio ser, de su propia vida con sentido. Una vida firme, inmutable, en una incesante agitación, pero orientada por un destino proyectado como fin personal y mantenido tanto en tiempo de calma como en tiempo de tempestad. Una vida impulsada desde sus primeros años por un omnívoro apetito de saber. Una vida sabia, pero no unilateral, con la mera sabiduría del especialista, una vida que, a la vez que explora, selecciona sobre la marcha, en función de sus propios proyectos, los conocimientos irrelevantes de los que tienen el aspecto de indicios para nuevos hallazgos. Y ésta es también una vida prudente que logra, en la medida de lo posible, de lo compatible con su libertad, sortear las dificultades y acechanzas, sin caer en la temeridad, pero tampoco sin huir de la lucha.

Las dificultades para mantener este equilibrio las conoce, mejor que nadie, José María Laso: llegó la tortura, la cárcel y (sarcasmos de la vida) la fase de su formación integral. Burgos fue el destino último de un largo y dramático camino. La angustia de la familia, las estancias en siniestras comisarías, las torturas morales y físicas, la obsesión por no delatar a los compañeros y comportarse dignamente, fueron sentimientos que obsesionaron muchos meses a José María Laso. Y una tortura mucho mayor: la de observar en sus traslados de la cárcel a la Comisaría o a los Juzgados a la gente paseando en plena primavera ajena absolutamente a su causa y a su lucha. Fue encarcelado en su lucha contra sus enemigos políticos e ideológicos, entonces más poderosos; pero no consumió los largos años de su prisión, ocho en total, en lamentos, sino que los transformó en una empresa de acción y de conocimiento colectivo, estudiando, debatiendo, organizando una biblioteca con libros prohibidos pero activos bajo cubiertas fingidas o programando sesiones cinematográficas seguidas de análisis. Es muy extensa la lista de compañeros que adquirieron bajo la autoridad moral de Laso una formación filosófica políticamente implantada a lo largo de estos años. Escuchando su relato desde fuera, una entrevistadora de La Nueva España creyó poder traducir la actitud de Laso diciendo que en las cárceles franquistas había más libertad para ver cine que en la calle: era la propia libertad de José María Laso. Todo esto contribuyó a que el penal de Burgos, donde fue encarcelado, fuera llamado por muchos la Universidad de Burgos, gracias al inestimable esfuerzo de nuestro homenajeado. Dicen que el hombre que ha estado en la cárcel sale de la cárcel cada vez que proclama en voz alta lo que siente, lo que piensa. Y cuando le oigo hablar tengo la impresión de que se siente como recién salido de la cárcel ese momento en el que estás a solas con tu propia libertad.

Todo el mundo le atribuye una memoria prodigiosa y con razón. Pero no como una propiedad particular, como pueda serlo el buen oído musical; la memoria prodigiosa de Laso es sólo la manifestación de la perfecta posesión que de su persona tiene una persona libre que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho. Su memoria es mucho más que una capacidad mecánica para recordar sucesos, porque es la capacidad de analizar, reconstruir y hacer presentes las realidades que siguen actuando en su personalidad.

José María Laso es un ejemplo entre todos aquellos que han vivido la libertad en el ámbito de la disciplina estoica, actuando reflexivamente, debatiendo sin perder las riendas, viajando por todo el mundo sin derramarse en minucias turísticas intrascendentes. Cuando la memoria recupera con cierta melancolía aquellos años de la posguerra, advierte que los actos más sencillos podían convertirse, aún sin pretenderlo, en heroicos ejercicios de resistencia contra la dictadura. Creo no exagerar cuando afirmo que pertenece al grupo de hombres y mujeres a quienes la sociedad debe el haber progresado y que, por ello, Oviedo es una ciudad afortunada por haber sido la elegida por este bilbaíno de nacimiento para quedarse y echar raíces en ella. Y digo esto desde la convicción de que las libertades de las que hoy nosotros disfrutamos no vinieron llovidas del cielo, sino que fueron conquistadas día a día, palmo a palmo, a lo largo de casi cuarenta años, por gentes como José María. Gentes que, en vez de lamentarse en la oscuridad de la noche franquista se plantearon mantener encendida la llama de la esperanza, reconstruyendo la razón popular, y empeñando en ello la propia vida. Sí, hubo un tiempo no muy lejano en que la democracia era algo a conquistar y por la que bastantes españoles se jugaron la vida y siempre la libertad, una libertad que habitaba, valga la paradoja, varias veces entre rejas. Y hoy, a sus 78 años y esta biografía a sus espaldas, nunca cansado, está siempre dispuesto a seguir haciendo girar las ruedas de la historia.

Verdaderamente, José María Laso es un filósofo; y no sólo porque ha analizado sutilmente los pensamientos de filósofos clásicos ya consagrados como puedan serlo Kant, Marx o Gramsci, sino, sobre todo, porque toda su vida es, en realidad, una vida filosófica que no ha querido nunca perder la fidelidad a la tierra. Y fue en el Congreso de Filósofos Jóvenes en 1975, del que fue presidente, cuando tuvo lugar su consagración como filósofo.

Filósofo, escritor, abogado, promotor de asociaciones culturales, viajero incombustible, cronista de viajes, presidente de Congresos de Filósofos, intelectual orgánico, martillo de conferenciantes y conferenciante él mismo, polemista en la prensa regional, animador de actividades culturales, fundador y Vicepresidente deTribuna Ciudadana, presidente de la Fundación Isidoro Acevedo, vocal permanente de la Sociedad Asturiana de Filosofía, archivo viviente de datos y contactos, Profesor Visitante en la cubana Universidad de las Villas, en Santa Clara, amigo de sus amigos, autor de libros, miembro del consejo de redacción de varias revistas, disciplinado oyente de discursos ajenos… éste es José María Laso. Muchos han intentado definirle:

Gabino de Lorenzo, alcalde de Oviedo, dijo que Laso es un hombre bueno que desde su impresionante cultura enciclopédica resulta, sobre todo, entrañable; Juan Benito Argüelles le llamó «humanista de la acción»; Lola Fernández Lucio habló de José María Laso, «el hombre bueno de la vida laica» y afirmó que haberle conocido fue para ella un lance trascendental de esos que en la vida de una persona marcan un antes y un después; José Galán Arias le nombró «un hombre justo»; José Ignacio Gracia Noriega «el viajero»; Manuel Herrero Montoto «un hombre conciliador»; Armando López Salinas le definió como «un tribuno de la plebe»; Antonio Masip, le denominó «comunista y bueno»; José Luis Merino «un hombre puro»; Vidal de Nicolás «el amigo»; Carlos París habló de su ejemplaridad; David Ruiz de un intelectual vizcaíno en Oviedo; Roberto Sánchez Ramos, le llamó «camello de libertad», y Manuel Vázquez Montalbán intentó, de forma simpática, explicar por qué habla tan alto en los lugares públicos

Pero quien mejor le definió, y sin pretenderlo, fue sin duda Bertolt Brecht cuando dijo que:

«Hay hombres que luchan un día y son buenos,
Hay quienes luchan muchos días y son mejores
Hay hombres que luchan años y son muy buenos
Pero están los que luchan toda la vida;
ésos son los imprescindibles.»

Éste es José María Laso, un luchador, un auténtico militante de la vida. Por todo esto decidimos poner a esta asociación el nombre de José María Laso Prieto. Cuando le comenté la idea me dijo que lo consideraba todo un gran honor. Creo hablar en nombre de mis compañeros cuando digo que el honor es todo nuestro.

Simplemente añadir, personalmente, que, además de todo esto, José María, Chema, José Mari, pero siempre Laso, es un amigo, un compañero y, en el sentido más clásico del término, todo un maestro.”

Roberto Ruíz García
17/11/2004

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3 Comentarios »

  • Juanjo dice:

    Excelente artículo. Pero habría que señalar que las posiciones ideológicas de las Juventudes Comunistas o del Partido Comunista actuales están a años luz de las de José Mª Laso. Como bien se dice en el artículo José Mª Laso era un fiel amigo y admirador de Gustavo Bueno y, básicamente, participaba de las tesis del materialismo filosófico, incluyendo su denuncia del nacionalismo antiespañol. Sin embargo, por contra, las posiciones actuales de las JJ.CC. y del Partido Comunista van en la línea contraria: Gustavo Bueno y sus seguidores son fascistas y el nacionalismo fraccionario es el paradigma de la libertad y la democracia. ¿Falsa conciencia o mala fe? Si de verdad creen en la valía de José Mª Laso, y no simplemente quieren apropiarse de su ejemplar figura en el momento de su muerte, harían mejor en leer, asimilar e integrar en su programa político las posiciones del materialismo filosófico y abandonar esa deriva hacia la izquierda “indefinida” en la que han caído una vez finiquitada la Unión Soviética. Ese sí sería un buen homenaje a Laso.
    Saludos.

  • Diego dice:

    Fue un honor conocerte, camarada Laso.

  • admin dice:

    Estimado Juanjo:
    Me temo que desconoces las posiciones de la JCA con respecto a los temas que mencionas. Por ejemplo, q para la JCA “el nacionalismo fraccionario es el paradigma de la libertad y la democracia” ¿¿De dónde sacas eso?? de ningún documento, artículo o declaración nuestra, eso seguro. Tampoco de ningún documento del PCA, ni del PCE que yo conozca.
    Salud y revolución!

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